Cuando llega un bebé a nuestras vidas parece que eso que tanto nos gustaba hacer, ir a un restaurante con encanto donde, sobre todo, sirven buena comida, empieza a estar vetado. Para empezar, la mayoría de estos restaurantes, no tienen trona ni un mínimo de espacio entre mesas. Pero desde aquí me resisto a estar limitada a las cadenas de comida prefabricada o ranchos de las vías de servicio de la ciudad: quiero comer bien y en compañía de mi hijo. Por eso, inicio, con esta primera entrega, una suerte de guía de restaurantes escogidos, de calidad y a buen precio, a los que se puede ir con los más pequeños.

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