Las cosas más sencillas, bien que lo sabéis, son mágicas a los ojos de los más pequeños, como por ejemplo ver que de una humilde semilla nace una planta. En ese sentido, los de mi generación guardamos el recuerdo de este experimento escolar simple: hacer germinar un garbanzo o alubia. Llegados a este momento del año, cuando tanto tiempo libre se tiene y hay que llenar tantas horas muertas sin cole, ¿qué tal si ponéis en práctica de nuevo lo aprendido hace décadas? Os recuerdo lo fácil que es (era):

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