No eres menos importante que tu bebé

14 mayo 2012 | Cuidados | Estudios

Hacía semanas que rondaba en mi cabeza la idea de escribir una entrada con un título tan provocador. Sin embargo, no encontraba la percha hasta que me topé con la reciente y polémica portada del semanario Time. En ella se ve a una madre amamantando a su niño de tres años. No se trata de ninguna modelo, es una californiana, Jamie Lynne Grumet, adherida al movimiento “attachment parenting”, algo así como corriente del apego, que apuesta por el contacto constante con el bebé y que, entre otras cosas, promueve la lactancia prolongada.

Una de las fotos que figuran en el reportaje de The Times

Yo dejé de amamantar a mi bebé a los siete meses. La OMS prescribe una lactancia mínima de seis. En mi caso, en cuanto ví asomar sus primeros dientecitos y que mi incorporación al trabajo exigía una disciplina férrea a la hora de darle el pecho, empecé a dejar de dárselo. “Tu bebé ya se ha beneficiado de todas las bondades de la leche materna”, fueron las palabras de mi médica. Y sin ánimo alguno de pontificar sobre este tema, he de decir que no me arrepiento. Con catorce meses, mi hijo come de todo y está muy sano. Ya tiene casi todos sus dientes, incluído unos hermosos molares con los que ya mastica pan, pollo, carne, pescado y tortilla, entre otras cosas; francamente, no me lo imagino al pecho.

La lactancia es sólo una pata de esta teoría, muy similar a la del Continuum. Ambas abogan por el contacto permanente del bebé con su madre, padre o cuidador, incluido domir en la misma cama hasta los dos años más o menos, y permanecer todo el tiempo que se pueda en brazos y contacto físico hasta que, hacia los seis meses, empieza a gatear y desplazarse por sí mismo.

Estas pautas de crianza, naturales y primitivas, en el buen sentido de la palabra según sus defensores, me generan dudas a estas alturas de mi experiencia como madre. ¿Hace posible algo así la vida que llevamos en el siglo XXI? Una mujer que trabaja, hace la compra, conduce a diario, cocina, lee por placer o trabajo, lucha por arrancar una hora al día para ir al gimnasio, trata de cuidadarse y cuidar a los suyos… ¿está para portar un cangurito de modo constante? Y cuando cae rendida en la cama, a eso de las once o doce de la noche, ¿está para controlar los movimientos de su bebé, tenerlo a su lado, también durante esas doce horas?

Con respecto a este último punto, altamente cuestionable desde mi punto de vista, he de decir que trasladamos la cunita de mi hijo a su habitación a los seis meses exactos, aprovechando la llegada a casa de unas vacaciones. Nunca, siendo bebé, ha dormido en nuestra cama. ¿Le aporta algún beneficio? Por el contrario, multiplica la inquietud de los padres: ¿le aplastaré? ¿se caerá?

Voy más allá. Sin necesidad de ser una seguidora de estas corrientes, tengo que coger a mi bebé varias veces al día, para cambiarle el pañal, la ropa, para sacarlo de la cocina, del baño, de la terraza… Juego con él, corro tras él, lo meto en la cunita, lo saco… Al final del día, mi cuerpo queda hecho papilla y varias mañanas se me queja amargamente. En esas circunstancias, ¿es necesario amplificar el contacto con nuestro hijo y hacer a nuestro cuerpo partícipe de sus inagotables energías?

Cierro esta reflexión con el polémico título: no eres menos importante que tu bebé. El no te necesita tanto como crees y es bueno que conquiste espacios de independencia. También tú. Cuidarte, física y espiritualmente, también le ayuda a él. Te convierte en mejor persona y a él le ayuda verte sana, feliz, con energías y dispuesta a esconderte bajo la mesa y soltarle un “cu-cu”.

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4 comentarios

  • yolanda says:

    Totalmente de acuerdo, Vero!!

  • Lua says:

    Francamente, creo que hay un profundo desconicimiento de los beneficios que aporta una lactancia a demanda (todo lo prolongada que tenga que ser), el colecho o el porteo de un bebe. Y me parece ridículo asociar que las madres y padres que eligen este tipo de crianza no “se cuidan ni pueden vivir en el siglo XXI”. Soy madre, medico, doy teta y duermo con mis hijos de 2 y 4 años, y antes de juzgar busco al menos evidencias científicas que sostengan mi opinión, aunque sea en un blog

  • Sonia says:

    Respaldo las palabras de Lua. Mi hija tiene 5 años, y nunca, nunca he dejado de ser yo por atenderla a ella. Aún toma pecho (de forma esporádica),y tiene dientes!! Mi hija sabe de sobras que no debe morder, y te puedo asegurar que he continuado trabajando, durmiendo por la noche “a pierna suelta” (el colecho es lo que tiene, no hay paseitos hasta otra habitación, y las interrupciones del sueño son cortas, porque puedes atender a tu hijo de forma inmediata, con lo cual vuelve a dormirse con facilidad).
    Que cada cual lleve la crianza como mejor sepa, pero por favor, antes de hacer comentarios que muchos científicos ya han desmontado hace tiempo, infórmate.

    • admin says:

      Estimadas Lua y Sonia, mi intención no era, de ningún modo, resultar ofensiva con este post. En mi ánima estaba, simplemente, expresar mi punto de vista sobre unas cuestiones que, sí es verdad, generan mucha polémica. Evidentemente, que cada cual opte por lo que prefiera para criar a su hijo, todo es válido si se hace desde amor, como no puede ser de otra forma. Sólo trataba de expresar mis dudas y lanzar preguntas al aire. Un saludo.